viernes, 27 de junio de 2014

3 Deseos

3 Deseos escrito por Jackson Pearce

SINOPSIS
Desde que su novio rompió con ella, Viola ha pasado los días deseando en silencio volver a tener a alguien que la quiera y, lo que es más importante, volver a ser parte de algo. Hasta que un día, sin darse cuenta, llama a un genio de otro mundo, que se quedará en el suyo hasta que la chica pida tres deseos. Genio está ansioso por regresar a su casa, pero a Viola le aterra desear, tiene miedo de no pedir lo correcto. Conforme los dos van pasando tiempo juntos, la línea entre amo y criado empieza a desdibujarse y Genio no tardará en reconocer que está enamorado de Viola.


FRASES

Todo lo que he aprendido hoy en la clase sobre Shakespeare es que a veces tienes que enamorarte de la persona equivocada para encontrar a la correcta. Una lección más útil hubiera sido que a veces la persona adecuada no te corresponde. O que a veces la persona adecuada es gay. O que a veces tú mismo no eres la persona adecuada. 
Gracias por nada, Shakespeare. 



—Sí, puedes pedir lo que quieras, aunque en este caso sería un desperdicio porque los deseos no son permanentes. Si deseas un millón de dólares se cumplirá, pero en cuanto te lo gastes, ya no habrá más. Si deseas la paz mundial, se cumplirá, pero en cuanto alguien dispare un arma, se acabó. Si quieres que tus deseos duren, tienes que pedir algo que te haga feliz y no la felicidad, porque en cuanto llueva, o tu gato se muera o algo por el estilo, ya no la tendrás. Pero no ocurrirá lo mismo si pides algo que te traiga la felicidad. Tienes medio millón de deseos para escoger, así que, por favor, elige uno que te haga feliz.




—Bueno, es que es imposible ser una persona rota o completa. No eres más que una persona. Sólo puedes existir, sólo formas parte de ti misma, tú eres la única responsable de tu felicidad o de formar parte de algo o de lo que sea. Ese sentimiento de estar rota o completa no es más que un truco de la mente mortal. Los tres deseos no te harán sentir más completa de lo que eres ahora. Al menos no por mucho tiempo.


Hazlo, Viola. 
—No puedo. 
—Sí puedes. Desea que me marche. 
—Lawrence ya no volverá a ser el mismo y no te tendré… 
—Vi, si me quieres como yo a ti, desea que me vaya 



«Pide un deseo, Viola.» 
«Deséale. Ya tomo yo por ti la decisión. Deséale a él.»




Un pájaro y un pez puede que quieran estar juntos, pero ¿dónde vivirían?
No sé, ¿en una jaula submarina? —contesta Lawrence


—¿Cómo te atreves? ¿Porque no quiero ver que me ha olvidado? 
—No. Porque nada ha desaparecido ni se ha olvidado. Si tú eres parte de ella y ella de ti, el recuerdo es un mero obstáculo.
—Me convertí en ifrit para salvar las vidas de mis compañeros genios. ¿Qué clase de salvavidas sería si te dejara aquí sentado, marchitándote en el paraíso? 
«Es sólo un obstáculo. Sólo un obstáculo.» 
Miro al ifrit a los ojos. 
Qué hay de aquella charla de los pájaros y los peces que no podían vivir juntos? 
El ifrit se encoge de hombros. 
Te sugiero que empieces a aguantar la respiración, amigo


—¿Lawrence? ¿No me vas a presentar? —pregunto.
—¿No lo conoces? —pregunta Lawrence con cautela—. Míralo otra vez.
—No —contesto cuando estoy totalmente segura de que la cara de este chico no existe en mi memoria. 
—Estás segura. 
—Sí. 
—No pasa nada —me dice el chico e interrumpe a Lawrence que niega con la cabeza y suspira. El chico me mira y señala las rosas que hay en el borde de la mesa—. Son para ti. Sólo las... he dejado aquí —dice y las toca con cuidado.



—¡Espera, dime quién eres! —grito detrás de él ¿Por qué tanto secreto? —No sé por qué es tan difícil. ¡Exijo una respuesta clara! 
Como desees —murmura.




—Viola —dice con una voz tan baja que apenas le oigo. 
Respiro hondo. 
—Genio. 


—Te iba a traer rosas de color rosa claro que significa admiración, 
amistad, romanticismo. 
—Siempre he querido que alguien me regale flores —digo, aunque eso por supuesto él ya lo sabía:—. ¿Y por qué me has traído rosas de todos los colores? 
Genio se sonroja tanto que lo noto a pesar de su piel morena. Mira al techo. 
—Porque... —Vuelve a mirarme a los ojos—. Porque tú eres más para mí que lo que pueda expresar un solo color de una rosa. Eres la pieza que me falta, Viola. Te quiero.




—Creía que los genios no se enamoraban —murmuro, incapaz de contener una sonrisa. 
Él se ríe un poco y le brillan los ojos. 
—Pues yo sí. 




Estoy... celoso. 
Espera. No, no puedo estar celoso.



—Se supone que puedes pedir deseos a las estrellas, ¿sabes? —dice Viola. 
—¿Funciona? —pregunta y vuelvo mi cara hacia ella. 
—Pues no. Pero lo hacemos igualmente

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